AGUA NEGRA

PATAGONIA

argentina

Península Mitre: turberas australes subantárticas

Donde termina el cordón montañoso de los Andes en el extremo sur, entre los valles se forman colchones de distintos espesores de turbales, en una alfombra verde, roja y marrón que cubre la isla de Tierra del Fuego.

Son portales que guardan archivos milenarios de distintas épocas y formas de vida ancestrales.


Las turberas fueguinas se formaron en la era postglaciar, durante el retiro de los hielos.

 

El estrato superior es el humedal y luego por debajo se encuentra toda la materia orgánica de miles de años de capas superpuestas. Los seres que quedan bajo la capa de agua no se descomponen. Por eso son un atlas del tiempo, un libro de arqueología de distintas eras. Túneles y puentes interplanetarios, con cuentos de miles y miles de años, para quienes saben leerlas. Leyendas inmemoriales.

 

Viajantes y caminantes de aguas oscuras


Llegar a Península Mitre supone aprender a caminar de nuevo por un terreno distinto. Para quien se lanza por el valle de turbales, sabe que amigarse con el entorno es la única forma de atravesarlo.


La vida en Península Mitre implica una adaptación al entorno para devenir con el medio. Sergio Anselmino viajó de la ciudad de Ushuaia a Península Mitre caminando solo y tardó cuarenta y cinco días. Llegó con dos propósitos: escribir y arreglar un refugio abandonado de ese último paraje habitado en el siglo pasado. Cree que una travesía como esta implica un cambio definitivo en la forma de pensar de cualquier persona. Otorga un poder dado por naturaleza, una fuerza especial y una armonía interior, que surgen de atravesar cumbres, ríos, valles y turbales.


Sergio piensa que en su búsqueda hay algo de retrotraerse a una suerte de origen o fuerza primigenia, y que la vida moderna nos deja inútiles, ya que todo lo obtenemos fácilmente. Hay una disminución de capacidades y aprendizajes. Cree que es importante explicar a las generaciones nuevas las destrezas y posibilidades que pueden desarrollar en relación directa con la naturaleza.


Anselmino cuenta que viviendo solo en el extremo austral del mundo tiene experiencias únicas. Ama la metamorfosis en el aire de los ciclos de las estaciones.

 

Transmuta el río, se escuchan otros sonidos, y en especial el cambio en la época de abandono, antes de la llegada del invierno. Cuando se van los animales, sabe que no van a aparecer barcos ni los otros pocos caminantes que aparecen por Bahía Aguirre. Entonces todo es silencio y la
fuerza de las tormentas, que pueden durar una semana, agota y aturde. Sin embargo, elige esa forma de vida, al menos por un tiempo.

 

Pero en el fin del mundo no hay lugar para ese hechizo. No es posible irse demasiado por las ramas, el camino no está escrito y atravesar la isla a pie es una experiencia extrema que requiere de mucha atención. Especialmente cuando se caminan las travesías hechas de turbales en la Isla de Tierra del Fuego. Atravesarlas a pie significa estar en conexión directa con cientos y miles de capas de
tiempo en la Tierra. Por eso mismo son causa de interés de estudio y de un amor profundo de sus habitantes y conocedores.

Sergio no se sentía cómodo en la sociedad moderna. Desde adolescente anhelaba una organización del tiempo por fuera de la lógica binaria de las vacaciones y el trabajo, y la confusión general por el interés económico desmedido. El pensamiento moderno nos convence de que somos algo por fuera de la vida, del entorno o de la naturaleza, que se vive o experimenta en un mundo interno individual.

Protección del patrimonio comunitario

Además de reservorios del ambiente y la vida del pasado, del presente y del futuro, las turberas son grandes almacenes de dióxido de carbono. De su existencia depende la biodiversidad que vive en/entre ella y la de toda la Tierra, ya que resguarda la temperatura del planeta. Son reguladoras protectoras del cambio climático. Por eso es fundamental su preservación de acciones humanas que amenazan su existencia.

En tanto guardianas del patrimonio, atesoran relaciones ambientales de existencia entrelazadas con el mar, los bosques, y todos los seres que allí habitan.

Para mantener esa fuente de biodiversidad, es sustancial que los territorios sean soberanos del norte global y las empresas transnacionales, especialmente las mineras, que destruyen las turberas y van mitigando la relación de las comunidades con su ecosistema. Resultan fundamentales las tareas de educación y divulgación, proyectos científicos y artísticos, que busquen concientizar sobre la importancia de estos tipos específicos de humedales.

Científicxs locales estudian el rol de las turberas en el ambiente y la vida de las personas. Adriana Urciolo es ingeniera civil, investigadora y docente de la Universidad Nacional en el área de Hidrología e Investigación Ambiental.

Además de reconstruir la información ambiental del pasado, desde hace más de treinta años trabaja en gestión y legislación para la protección de las turberas. Ama la sinfonía de colores que va mutando a lo largo del año en los turbales de Península Mitre. Gracias al trabajo de investigación y promoción, junto a sus colegas han conseguido que sea declarada Reserva Natural Península Mitre y un sitio declarado de interés por la Convención Internacional Ramsar. El proyecto significó un trabajo técnico y participativo, gestado a nivel local durante más de veinte años, entre las áreas científicas y la comunidad. La tierra fueguina es de toda la población de la provincia y cuando un área se declara de interés, puede disponer los usos a realizarse en el área protegida y hacer regulaciones con fines económicos, turísticos y científicos.

Rodolfo Iturraspe también es hidrólogo y trabaja con turbales desde hace más de treinta años. Explica que los mayores problemas son la extracción para la comercialización y exportación con fines agrícolas y los drenajes de la minería. Los drenajes implican perder su elemento esencial. Cuando el agua desaparece, la turbera también. La puesta en valor es necesaria y en ese sentido la educación es fundamental. Muchas veces por desconocimiento, las turberas no tienen la valoración que merecen.

Para alcanzar ese reconocimiento, resulta fundamental la concientización de la población.

Las actividades de difusión en las escuelas demuestran que, ni bien se empieza a trabajar con la comunidad educativa y las organizaciones no gubernamentales, se genera un cambio en la percepción de estos espacios, antes tenidos en cuenta sólo como lugares incómodos. Los vínculos pobres con las turberas son por ignorancia.


Además de ser fundamentales para aminorar el calentamiento global, otros beneficios que brindan son mitigación de crecidas y reguladoras hídricas: calmantes ante eventos extremos como crecidas y tormentas.

Aportan nutrientes para la calidad del agua y mejoran su calidad por la filtración que
brindan. Las turberas son importantes para el turismo y las actividades de recreación de la población de la isla y sus visitantes. Son el hábitat de especies raras vegetales y animales, como la planta carnívora drosera uniflora. Hay aves playeras que eligen la turba para anidar. Esconden colores, formas y texturas que no existen en otros lugares. Enseñan la impermanencia de las cosas, la
metamorfosis y el cambio.

La interrelación de formas de vida que allí
conviven implica necesariamente una
combinación de perspectivas y
narraciones de distintos saberes, vitales,
científicos y poéticos, para preservarlas y
proyectarlas en un planeta en
emergencia. La única salida es colectiva e
implica practicar vínculos ancestrales
con el ambiente, que contemple
relaciones diplomáticas y armónicas
entre seres para una supervivencia
común. Las turberas fueguinas son
maestras, habitar este territorio inhóspito
implica de una vez y para siempre dejar
de lado lógicas extractivistas.

En Península Mitre la alteridad o lo otro no es algo que explotar. Aquí solo se puede sobrevivir en comunidad y aprendiendo la historia que la Tierra nos cuenta.