Familias de pobladores Sámi recorren este territorio extremo desde hace milenios, en relación simbiótica con la turba. Nos enseñan que Norte y Sur son ideas o conceptos que parten de un sistema de referencia arbitrario, posible, entre otros. El mundo de arriba es hacia el sur, al igual que el camino de la Vía Láctea en el cielo, donde habitan lxs ancestrxs, en la montaña sagrada Máttaráhkká: la gran diosa celestial. Abajo está el submundo, al norte: donde vive un reno mítico y otros animales de la noche.
El pueblo Sámi es guardián de las turberas, cuida la entrada a esta red de laberintos de distintos espesores, un manto que cubre la tierra y es refugio cosmológico para estos pueblos y sus especies compañeras. En la turba también habitan frutos deliciosos para hacer dulces y medicinas naturales, como las moras o “cloudberries”. Contienen múltiples de minerales, ya que llegan a tener luz solar las veinticuatro horas del día.
La turba se entrama también en la tundra. La economía y la supervivencia se basan en lo que la tierra da: musgos, líquenes, juncos y otras especies vegetales, adaptadas a este ecosistema subártico. La relación de los pueblos Sámi con la turbera es incondicional y están dispuestos a resistir y luchar por ella. Habitan la confluencia de cuatro países: Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. Su lengua entreteje versos milenarios con el viento desde tiempos incontables.
Como pueblo nómada, caminaron en familia trasladándose en búsqueda
de sustento y siguiendo a los renos. Jouni Näkkälä creció caminando el territorio y decidió continuar la cultura de su familia como pastor, tal como lo hicieron sus ancestrxs durante cientos de años. En primavera nacen los nuevos integrantes de la manada, que crecen en verano. Al llegar el otoño comienzan los preparativos para la llegada del invierno.
Aves, insectos y otros animales silvestres también encuentran su hábitat entre la tundra y la turbera, contribuyendo al equilibrio eco~lógico general. El cuerpo puede ser capaz de sobrevivir a la inclemencia del tiempo sólo a través de afectar y ser afectado por el entorno y lxs otrxs. En este mundo como en todos, nadie se salva solx.
Las marcaciones realizadas por las distintas familias son sellos que viajan por el tiempo y el espacio. Comprenden un ceremonial de signos que viajan de un lugar a otro, en el cuerpo de los renos. Gracias a estas escrituras, pueden trasladarse en zonas abiertas y convivir.
Las marcas en el territorio y en los animales son una manera fundamental de organización: construyen un código para sobrevivir y comunicarse. Marko Ranta también aprendió de su familia la tradición de cuidar de los renos. Desde hace treinta años que es pastor. Conoce bien el trabajo, es su vida y lo significa todo para él. El pueblo Sámi y los renos se pertenecen mutuamente. Julio es la época de las marcaciones y es una tarea tradicional en donde participan también los jóvenes, como un ritual de iniciación y aprendizaje.
Marko nos explica que, a causa del calentamiento global, la vida actualmente es más complicada. Antes, los renos podían encontrar su alimento por su cuenta, desarmando el piso congelado con las pezuñas y alcanzando el liquen congelado que se encuentra debajo.
Sin embargo, desde hace unos
años, esto ya no es una opción.
La nieve llega antes de que los suelos se congelen, por lo tanto los cuerpos vegetales se echan a perder y los renos se enferman.
La subida de la temperatura
en todo el mundo afecta la vida subártica. El pueblo Sámi busca
la forma de mantener alimentado
a su ganado con comida que
acopian, lo que resulta más costoso.
Marya Näkkälä es portadora de sabiduría ancestral. El pueblo cuenta con su inteligencia. Sus hijxs son lxs puentes traductores de sus conocimientos. Conoce a las turberas y sus habitantes, sabe de las hierbas y sus propiedades, como por ejemplo el secreto de las plantas que guardan el calor. Conoce cómo trenzarlas y colocarlas en los zapatos para pasar el invierno. Esta tradición quiso ser desterrada, sin embargo, los signos tienen la capacidad de cambiar y transmutar de significado.
Escuchar otras voces de otras formas de vida, como el pueblo Sami, que tiene la sensibilidad de enlazar tejidos conectivos entre distintas especies. Saben atravesar los climas extremos, pues ya lo vivieron. Las turberas son bancos de memoria. Profesionales de la
ciencia, estudian estas tierras. Quizás hallen respuestas para el presente que nos toca vivir.